1 jun

Rutas de las cascadas de Oneta

Rutas de las cascadas de Oneta

Oneta es una de las seis pequeñas parroquias que pertenecen al municipio asturiano de Villayón que se encuentra en la cuenca del río Navía. El concejo es muy montañoso y se encuentra plagado de afluentes y subafluentes del Navía, y el terreno es predominantemente de pizarra y cuarcita, aunque abundan frondosos bosques autóctonos de castaños y robles y otros no autóctonos de pinos y eucaliptos.

La ruta que hoy nos ocupa tiene como protagonistas tres maravillosas cascadas situadas muy cerca de la aldea de Oneta, este lugar ha sido declarado monumento natural en el plan de ordenación de recursos naturales de Asturias, y parte de Oneta, es un recorrido de dificultad baja, cubre una distancia de 2 kilómetros entre la ida y la vuelta y tiene una duración de una hora aproximadamente.

La forma más fácil de llegar a Oneta es por la carretera local AS-36 que une Villayón con la villa de Luarca. La ruta sale del mismo centro de la aldea, donde se coge un camino ancho y llano que transcurre primero entre casas y luego pasa por una era, dejando el río Oneta a la izquierda y el cementerio del pueblo a la derecha, pronto divisarán la antigua central hidroeléctrica y el río comenzará a estrecharse para abrirse sólo en los numerosos pozos que pueden llegar a ser muy peligrosos por los remolinos que se forman. Poco más adelante el río desaparece y comienza a caer verticalmente formando así la primera cascada de 38 metros de altura, esta es La Firbia, la más grande y espectacular de las tres. El sendero está adecuadamente señalizado y es de fácil acceso y cómoda andadura.

En torno a la cascada La Firbia se ha formado un circo gracias a las rocas desprendidas por el agua, así que aquí el agua rompe con un fuerte estruendo, es todo un espectáculo para los sentidos, pues además las paredes rocosas que rezuman agua están cubiertas por un frondoso musgo y helechos que muestran un paisaje de gran belleza.

A pocos metros se descubren las otras dos cascadas escalonadas, de más difícil acceso y menos espectaculares: la cascada de Ulloa que es menos sorprendente porque su trazado es menos vertical, y la cascada La Maseirúa que es la más pequeña de las tres.

La gran humedad de la zona hace que la vegetación sea frondosa y exuberante, el corto camino que hay entre las tres está poblado de alisos, laureles, abedules, robles y castaños, sin embargo es algo complicado caminar por la zona porque también está cubierta por un abundante sotobosque de helechos, madreselva y violetas.

Pero en definitiva merece la pena hacer este recorrido que es fácil, incluso para ir con niños, y ameno, pues a lo largo del recorrido además encontraran diversos molinos de agua, hórreos y paneras, construcciones típicas de Asturia. Incluso podrán visitar un molino que todavía sigue en funcionamiento, con el mecanismo de molienda intacto, y la maquilla o unidad de medida en perfecto estado.


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